Miércoles 15 de Julio de 2026
El mensaje de Diego Vera para su hijo en uno de los momentos más difíciles
Con palabras cargadas de amor, esperanza y fortaleza, Diego Vera decidió hacer pública una carta dedicada a su hijo Thiago, quien permanece recuperándose tras el accidente ocurrido en Mar del Plata.
Mi hijo tiene nombre. Tiene sueños. Tiene una vida. No es un expediente.
Quiero que sepan quién es Tiago. Porque detrás de cada noticia que se consume en segundos hay una familia que dejó de vivir para empezar a sobrevivir.
Tiago no es un número. No es una estadística. No es "el chico del accidente". Es mi hijo. Es un joven bueno, trabajador, respetuoso y lleno de sueños.
Terminó el secundario dejando el cariño de compañeros y profesores. Aprendió el oficio de carnicero con orgullo y, gracias a su esfuerzo, consiguió trabajar en Coto.
Allí se ganó el respeto de sus compañeros, que hoy siguen preguntando por él, rezando por su recuperación y esperando el día en que vuelva a sonreír.
Pero Tiago soñaba con más. Quería estudiar Sistemas. Con el fruto de su propio trabajo compró una notebook porque estaba convencido de que el futuro no se espera: se construye. Entrenaba boxeo porque entendía que las peleas importantes se ganan con disciplina, sacrificio y coraje. Tenía proyectos. Tenía ilusiones. Tenía toda una vida por delante.
Y en un instante, todo quedó destrozado. Hoy mi hijo pelea por su vida. Y nosotros peleamos por no derrumbarnos.
Mientras otra familia atraviesa el inmenso dolor de despedir a Guadalupe, nosotros vivimos cada hora con el corazón detenido esperando una evolución, una buena noticia, una señal de esperanza.
No existe un solo día que no duela. No existe una sola noche en la que podamos dormir en paz. Hay imágenes que nunca se borran. Hay silencios que gritan. Hay dolores que ninguna palabra alcanza a explicar. Pero hay algo que también nos quebró profundamente.
Sentimos que, mientras el pozo donde ocurrió la tragedia fue rápidamente tapado, nosotros quedamos sumidos en un abandono que todavía duele.
Nadie puede devolver el tiempo. Nadie puede borrar lo que pasó. Pero una llamada. Una visita. Una palabra. Un gesto humano. Eso sí podía hacerse.
Porque cuando una tragedia destruye una familia, no alcanza con reparar el asfalto. También hay que mirar a quienes quedaron con el alma rota.
No escribo estas palabras para despertar lástima. Las escribo porque ninguna familia debería sentirse invisible después de una tragedia. Las escribo porque detrás de cada decisión que se toma, o que no se toma, hay vidas que pueden cambiar para siempre.
Las escribo porque los errores no terminan cuando ocurre el accidente: continúan cuando el dolor de las víctimas deja de importar.
Y, sin embargo, en medio de tanta oscuridad apareció la luz. La gente. Los amigos. Los profesores. Los compañeros de trabajo. Los vecinos. Personas que jamás vimos en nuestra vida. Ellos sí estuvieron. Ellos sí preguntaron. Ellos sí abrazaron. Ellos nos demostraron que la solidaridad todavía existe. Ese cariño nos sostiene cuando sentimos que las fuerzas se terminan. H
oy no pedimos privilegios. No pedimos compasión. Pedimos algo mucho más simple y mucho más importante. La verdad. Justicia. Responsabilidad. Y que esta tragedia sirva para que ninguna otra familia vuelva a pasar por este infierno.
Porque detrás de cada accidente hay una silla vacía. Hay una cama de hospital. Hay padres que envejecen de golpe. Hay hermanos que lloran en silencio. Hay sueños que quedan suspendidos.
Yo sigo creyendo en mi hijo. Creo en la fuerza con la que enfrentó cada desafío de su vida. Y creo que esta pelea también la va a dar.
Mientras él lucha por vivir, nosotros vamos a luchar para que nadie mire hacia otro lado. Porque nuestros hijos no son un expediente. No son una estadística. No son un problema que desaparece cuando se apagan las cámaras. Son personas. Son historias. Son sueños. Son familias enteras.
Y hasta que Tiago vuelva a abrir los ojos y pueda leer estas palabras, quiero que sepa una sola cosa: Nunca lo vamos a abandonar. Y tampoco vamos a abandonar la búsqueda de la verdad. Porque cuando el dolor es tan inmenso, el silencio deja de ser una opción.
Cómo colaborar
Para colaborar con la familia Vera en este difícil momento, hacerlo a través del alias DIEGOOSCARVERA1977, cuyo titular es Diego Oscar Vera, Naranja Digital compañía financiera SA
Noticias Relacionadas
EJERCICIO ECONÓMICO Nº 100